Tomás Campos ha dado dos vueltas al ruedo y ha ofrecido el mejor toreo de la tarde. Los también debutantes Miguel Ángel Moreno y Roberto Blanco se han mostrados vulgares y faltos de oficio, siendo ambos silenciados. Los bien presentados utreros del Conde de la Maza han dado desigual juego, destacando por encastados el tercero y sexto.
Sevilla, 12 de mayo de 2013
A veces, la escasa ambición, la vulgaridad del pase, el trascendentalismo vacuo, la inseguridad, o la falta de ideas hacen del toreo un plato indigesto para quien lo intenta. Y se les indigestó la tarde a dos debutantes que apostaron a la desesperada por la Maestranza para iniciar su camino, difícil, sinuoso y largo, porque ni siquiera lograron desplegar unas formas con las que sueñan resucitar del ostracismo de un escalafón desvalorado y maniatado por las circunstancias. Ni Miguel Ángel Moreno, ni Roberto Blanco consiguieron sacar a flote un repertorio con el que esbozar conceptos y formas.







Fernando Adrián sólo ha sido ovacionado tras la lidia de sus respectivos novillos. Dos buenos utreros que se fueron al desolladero con sus apéndices auditivos intactos. Álvaro Sanlúcar también saludó sendas ovaciones. El debutante Juan Leal fue silenciado en su lote.
Consecuencia directa de la decadencia de la suerte de varas es la falta de casta, y hoy los toros adolecen de ella. Y por ello no se pican. Ni se picaron la pasada feria en la Maestranza de Sevilla, ni se picarán por San Isidro en Las Ventas de Madrid. El picador en la plaza es sólo adorno. Puro trámite. De todas formas, tienen que mantener la verticalidad, evitar la colisión y dejar que las pocas embestidas se pierdan por la senda del preciosismo de un par de derechazos y algún que otro natural. Atrás van quedando aquellos toros que hacían compatibles conceptos como furia y emoción, bravura y toreo. Ahora, una apacible colección de sutiles pases armónicos conquistan por su atractivo, pero nunca por su emoción.
Juan Ortega, Román y Lama de Góngora sólo han sido ovacionados tras mostrar atisbos de su toreo en una gélida, desaplacible y anodina tarde en la Maestranza. Dos novillos de Núñez del Cuvillo destacaron de un encierro desigual de presencia, terciado, flojo y noble. 






