Sevilla, 23 de mayo de 2013
Hace unos días un añoso aficionado, con importante currículo taurino en su haber, me reafirmaba el viejo argumento de “esto no tiene solución”. Quizá, porque ya no ve remedio para enderezar un camino que, tarde o temprano, conducirá al olvido. Y es que la frustración ante el fracaso comienza a pesar como una losa en una concurrencia que ve como muy poco de lo ofrecido se ha cumplido y, sin embargo, mucho se ha malogrado. No ha existido. Quizá, porque a veces la equivocación administrativa es un logro que se convierte en nefasta decisión. Ahora, el prolongado silencio empieza a salpicar a una gente que comienza a quejarse de incumplimientos en la gestión de los que convencieron con encantadas fantasías enmascaradas con falsa y absurda sensiblería. Cuando lo suyo es un mundo de pillos, de buscavidas sin lucha para levantarse de la caída y el revés económico.







“…He llegado a soñar con él en el ruedo de la Maestranza sintiendo la emoción y el encanto de su toreo. Sevilla lo vio crecer, lo vio debutar y lo vio hacerse matador de toros. Sevilla llora su muerte. Se siente huérfana sin el más grande de sus toreros…”
Tomás Campos ha dado dos vueltas al ruedo y ha ofrecido el mejor toreo de la tarde. Los también debutantes Miguel Ángel Moreno y Roberto Blanco se han mostrados vulgares y faltos de oficio, siendo ambos silenciados. Los bien presentados utreros del Conde de la Maza han dado desigual juego, destacando por encastados el tercero y sexto.
Fernando Adrián sólo ha sido ovacionado tras la lidia de sus respectivos novillos. Dos buenos utreros que se fueron al desolladero con sus apéndices auditivos intactos. Álvaro Sanlúcar también saludó sendas ovaciones. El debutante Juan Leal fue silenciado en su lote. 






