CRÓNICAS

Borja Álvarez. Foto Arjona     La primera  novillada nocturna de promoción en la Maestranza se ha saldado con seis silencios para los seis aspirantes. Sólo Borja Álvarez mostró un toreo interesante en el que predominó el temple. Los cinco restantes no sacaron provecho de las nobles embestidas de los manejables érales de Guardiola.

Sevilla, 1 de julio de 2010

     Dio gusto verlos enfundados en impolutos ternos de brillante oro haciendo el paseíllo en la Maestranza de sus sueños. Despacio unos y ligeros y nerviosos otros caminaron al son de la tradicional música maestrante. Bien peinados, bien liados, desmonterados se dirigieron al palco ilusionados y empeñados en cultivar a toda costa su toreo. ¿Qué toreo?

     Y acto seguido comenzó el festín -en los tendidos, claro-  haciendo honor a la cruzcampo  fresquita, al jamón, al lomito y a la tortilla, mientras abajo, en el ruedo, se empezaba con el cuento de nunca acabar. Entre otras cuestiones porque estas historias sin llegar a ser pesadillas tampoco hacen prever un final feliz. Seis silencios, seis.  La tan manida crisis ha hecho su efecto en el aspirantado novilleril. Quieren pero no pueden. Están sin estar.

     Hablemos del cuento: Hubo novillos y faltaron toreros. Demasiadas muestras de formas desaliñadas, agresivas, carentes del mínimo valor, estandarizadas y sin pizca de emotividad. Y todo esto sin que los érales de Jaime Guardiola, nobles y manejables, le pusieran las cosas difíciles a los seis aspirantes. Sólo un alicantino  ganó unos gramos de credibilidad al hacer un toreo salpimentado de  detalles. Borja Álvarez demostró que en sus formas predomina el temple, tiene finura de estilo, personalidad, y el valor necesario para estar, trazar y ligar. Lo hizo de capa y le apretó después las clavijas a su muleta para sacarle punta a un toreo de derecha moderadamente largo, templado e hilvanado. Después con la espada defraudó.

     Y no hubo más, porque el que dicen que es de Utrera, aunque perteneciente a la escuela taurina de Madrid, Eduardo Pereira, no encontró acomodo con un novillo noble y repetidor que lo desarmó en repetidas ocasiones. Le costó quedarse quieto, ofreciendo lo mejor con la diestra. El bajonazo fue infame.

     Tampoco las piernas del portugués perteneciente a la escuela de Sevilla respondieron a las órdenes de su mente. Paco Velázquez, que estuvo correcto con el capote, ofreció un trasteo de izquierda, con algún que otro trazo lento, aunque sin hilvanar y muy en paralelo. Le dio mil pases al buen eral de Guardiola sin llegar a la gente. Mató mal y necesitó de dos golpes de descabello.

     Antonio Puerta se fue a portagayola a recibir al cuarto. El joven de Cehegín  perteneciente a la escuela taurina de Murcia anduvo vibrante con el encastado eral. Incluso le bajó la mano en un intento de mandar en la embestida, pero no lo consiguió. Faena desordenada, demasiada acelerada y muy despegada. Con la espada muy mal.

     Demasiado bisoño se mostró David Martín. A este joven de Galapagar le vino grande el debut en Sevilla. Feo favor le han hecho los que han decidido traerlo a la Maestranza. Anduvo a la deriva. Mató mal aunque con decisión.

     Y termina el cuento sin  final feliz con el representante francés, Dorian  Paul, que se empleó en una faena de excesivo metraje para expresar su primario y machacón discurso de pases y pases tan vulgares como exentos de valor. Una pena.


La Maestranza. 1ª novillada de promoción. Un cuarto de entrada.

Érales de Herederos de Salvador Guardiola, muy bien presentados, nobles y de juego interesante.
Eduardo Pereira. -E. T. de Madrid-  de nazareno y oro. Silencio.
Paco Velázquez -E. T. de Sevilla- de tabaco y oro. Silencio tras aviso.
Borja Álvarez -E. T. Alicante- de verde y oro. Silencio tras aviso.
Antonio Puerta  -E.T. de Murcia- de teja y oro. Silencio tras dos avisos.
David Martín -Galapagar- de coral y oro. Silencio tras aviso.
Dorian Paul -E. T. de Béziers- de verde y azabache. Silencio tras aviso.

        





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