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En ese tira y afloja concebido y casi siempre escenificado como provocación emocional que cada uno expone en el ruedo, pocas veces sale bien y muchas mal. Eso sí, tienden a exagerar la celebración de cada pase con levantamiento de brazos y sonrisas abiertas, pero olvidan lo principal: profundizar sólo un poquito en la calidad de algún que otro muletazo. De todas formas vale la excusa ante los encastados “santacoloma” de Pallarés. Se necesita algo más de una enorme voluntad y bonitas maneras para mandar en las embestidas picantes de los complicados erales. De ahí que en el ruedo se mostraran unas formas, a veces expresivas, a veces desaliñadas, pero siempre en apuesta permanente a sabiendas de que era difícil ganar. Y, claro, ganó credibilidad quien mejor lo hizo. Fernando Adrián ejecutó un toreo salpimentado de detalles y personalidad. Este joven madrileño perteneciente a la escuela taurina de Arganda del Rey, se distinguió también por la soltura que le imprimió al trazo, con el que no dejó a nadie indiferente, mostrando además unas formas clásicas, refinadas y de una elegancia y transparencia indiscutible, al mismo tiempo que transmitía contenidos profundamente emotivos. Toreó muy despacio al noble y bravo eral, e hilvanó a derecha e izquierda notables muletazos perfectamente rematados. Tras adornarse con excelentes pases por bajo y de trinchera metió la espada arriba y paseó una oreja justa y bien ganada. Con el pase cambiado por la espalda inició faena Juan Leal. El aspirante de Arles, aunque perteneciente a la escuela “Fundación El Juli” de Madrid, no demostró nada especial con la capa, aunque con la muleta dibujó algún que otro muletazo con estilo. La faena resultó embarullada motivada por las complicaciones que le presentaba un eral encastado y distraído. Leal dio muchos pases a derecha a izquierda, pero pocos llegaron a los tendidos. Mató de peculiar forma y saludó a unas mínimas palmas. Daniel Soto se mostró creativo y desprendió sensibilidad en el trazo de los muletazos diestros. Este sevillano perteneciente a la escuela de La Algaba toreó despacio, ligó con estilo buenos pases, aunque le faltó ese punto tan necesario para hacer llegar a la gente lo que ejecuta en el ruedo. La media estocada no fue suficiente para superar el silencio. La lógica nos hace pensar que hubiese tenido mucho más sentido que Juan Romero “El Zorro” comenzara a torear con la derecha y no con la izquierda para así exprimir una embestida escondida en un pitón de mayor claridad. No fue así, y el aspirante cordobés principió faena al natural siendo arroyado en más de una ocasión. Aunque no mandó en la embestida al torear con la derecha sí se sintió mejor, tan a gusto estuvo que dio infinidad de pases acompañados de no menos desplantes, escenificando en demasía unas formas que no pasaron de afanosas. Mató de estocada y salió presto a recoger el aplauso a la voluntad de agradar. Lo más importante del toreo de Antonio García “El Nieto” lo realizó a la verónica. El joven aspirante de Dos Hermanas toreó muy despacio, muy a compás, muy entregado. Después le resultó demasiado difícil dejar el engaño adelantado y en la cara para mandar y ligar la complicada embestida del “santacoloma”. De ahí que la faena resultó con demasiados altibajos. Destacaron algunos naturales con empaque, trazado con ese sello del arte que le quiere imprimir a sus formas. Quiso hacer todo lo que sabe y se pasó de metraje. Con la espada muy mal, necesita con urgencia aprender a ejecutar la suerte. Complicado también resultó el sexto, al que el malagueño Antonio Santana logró, a base de dejarle la muleta muy adelantada, ligar algún que otro muletazo diestro en los inicios de faena. Después no pudo con las complicaciones de un eral que se le revolvía de mala manera. La falta de oficio se hizo notar y todo quedó en silencio tras el mal uso de la espada.
Erales de Pallarés, bien presentados y encastados. Destacó el primero por bravo y noble. Fernando Adrián, de caña y oro. ET de Arganda del Rey. Oreja
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