|
Sevilla, 30 de julio de 2010 Lo más importante es que el joven aspirante de la escuela de Badajoz toreó admirablemente con la izquierda al último eral de la complicada, por mansa, novillada de Carlos Núñez, instrumentando en el epílogo de faena una colección de soberbios naturales que se abrían paso entre una cascada de embestidas con surcos en el albero como si fueran fugaces espejismos de un toreo tantas veces soñado. Cerro bajó la mano, arrastró la tela y alargó la embestida hasta el infinito para definir por dentro y por abajo en hermosa forma de torear. La perfección del muletazo, la ligazón y los remates evocaron un toreo ausente muchas tardes de las plazas de toros. Fue una faena en la que quedaron, otra vez, mostradas unas formas emotivas y bien definidas. Al manso y rajado tercero lo toreó de capa con su acostumbrada cadencia, para aprovechar después el natural viaje del eral ejecutando un toreo sin atisbo de banalidad. Y lo hizo con oficio y pleno de seguridad. Los adornos finales dieron paso a repetidos fallos con los aceros. Una lástima. Al sexto, flojo y a la defensiva, lo entendió a la perfección, rivalizó en los quites, esta vez con más voluntad que acierto, y supo después someter las bruscas embestidas hasta conseguir la asombrosa obra al natural. Aunque la estocada se le fue a los bajos sus muchos seguidores consiguieron las dos orejas para él. Y lo que hizo Fernando Adrián también fue merecedor de triunfo, y de orejas, por encima de partidismos y gustos. El alumno de la escuela de Arganda del Rey con oficio y clase supo levantar una faena que acabó al hilo de las tablas. Y allí le bajó la mano, y le consiguió ligar notables muletazos con su habitual firmeza al manso y huidizo primero. Fue un trasteo discontinuo donde primaron las cualidades sobre los contenidos. Un pinchazo precedió a la casi entera estocada. Le ovacionaron con fuerza. Adrián, que le clavó banderillas a su primero con personalidad y estilo, no lo hizo bien con el cuarto. Sin embargo, sí logró contenidos emocionales en una faena que fue a más para terminar trazando largos y templados muletazos al natural. El madrileño toreó de manera notable y supo dominar una embestida corta en su recorrido, sin humillar y sin clase. Tras la estocada y descabello paseó una oreja justa. Quien no corrió la misma suerte fue Borja Álvarez. Lo peor de los complicados erales de Carlos Núñez le tocó a él. Lo intentó todo con el bronco segundo sin un mínimo lucimiento. Con buen criterio se fue por la espada y acabó como pudo con el mal bicho. Al descompuesto quinto confirmó su valor y firmeza sin conseguir lucirse en un solo muletazo. Con la espada volvió a estar mal. A la terminación del festejo el jurado designó triunfador del ciclo a Rafael Cerro, en segundo lugar a Fernando Adrián, y tercero a Borja Álvarez.
La Maestranza. Final de promoción. Más de media plaza. Erales de Carlos Núñez, aceptables de presentación, mansos y complicados. Mejores cuarto y sexto. Fernando Adrián –ET de Arganda del Rey- de caña y oro. Saludos y oreja tras aviso.
|
|
|
| (C) Manuel Viera.com / Reservados todos los derechos - Web personal de Manuel Viera, crítico taurino | Mercurio Estudios |
|