CRÓNICAS

Manzanares. Foto Toros Comunicación     Manzanares, tras faena emotiva, ha salido por la Puerta Grande de la plaza de toros de La Merced. El alicantino, que ha cortado tres orejas, se proclama triunfador del ciclo colombino. Castella, que falló con los aceros,  dejó muestras de valor y de toreo, mientras que Ponce, inseguro, no tuvo suerte con su lote. 
 
Huelva, 3 de agosto de 2010

     La cosa parece que iba en serio: decidido se fue a los medios, muleta por delante y… a torear  con la sensibilidad especial que concede el arte. José María Manzanares creó con el noble y bravo tercer toro de Jandilla la faena más emotiva de este ciclo colombino que hoy acaba. De esta forma  se contemplaron excelentes muletazos a derecha, algún que otro bello natural,  ingeniosos adornos, magníficos remates y toda una visión plástica  de un toreo, íntimo y personal, que llegó y convenció.  Importante faena  cuya ejecución  estuvo a la altura de su contenido.

     La sensibilidad de Manzanares convierte lo que hace en bellos momentos que atrapamos de inmediato con enorme gusto. Momentos de un toreo que se guarda en la memoria para siempre de quien lo ve y lo siente.  La faena, casi toda a derecha,  fue magistral y ejecutada con su peculiar estilo. Y es que el alicantino se mostró extraordinariamente sabio, conocedor profundo del toreo y de la técnica, pródigo en ideas para resolver y seguro de unas formas que no dejan indiferente a nadie. Manzanares brindó una faena refinada, muy templada, ligada,  de contagiosa emoción y muy bien rematada.

     Lejos de toda espectacularidad, con sentimiento inmensamente profundo, Manzanares, fue construyendo su obra con el singular e impecable trazo del muletazo diestro. No apostó por el toreo al natural, pese a que los dos trazados los ejecutó con enorme seguridad  y con no menos sabiduría. Y así, más con la diestra que con la siniestra, conjugó un importante trasteo que rubricó después con la fuerza de su contundente espada. Dos orejas. 

     Con el sexto, muy parado a mitad de faena, quiso rubricar una tarde y una feria. Y lo consiguió. Con verdad y mando ligó un trasteo que no fue a más por el escaso empuje del toro de Vegahermosa. Tras la estocada desprendida sumó su tercera oreja.

     A Sebastián  Castella le ha gustado siempre andar entre los puntiagudos filos de los pitones. Su juego viene a corroborar, desde  tiempo atrás, cierto gusto por el riesgo, justo allí  donde éste se hace trágico. Hasta llegar a esto en el epilogo de la faena, el torero francés lo intentó todo con el noble aunque descastado segundo. Clavó las zapatillas en la misma raya del tercio para prologar su quehacer con tres estatuarios de miedo y continuar con la diestra un trasteo hilvanado, con continuos cambios de mano y bien rematado. Sólo unos pequeños tirones al finalizar cada pase afearon una faena que tuvo su interés. Quizá la espada le privó de pasear trofeos. 

     Al quinto, manso, soso y muy distraído  lo intentó fijar en los medios. Su afán por mantenerlo en la muleta no dio el resultado apetecido. Tras una estocada baja le aplaudieron la voluntad de agradar.       

     Enrique Ponce se empeñó en demostrar que al primer toro de la tarde le faltaba  visión. Viendo o sin ver, lo que sí mostró el “jandilla” fue genio de manso. Un desconfiado Ponce se dispuso a limarle las asperezas a las complicadas embestidas hasta llegar a trazar templados, aunque despegados,  muletazos diestros. Y poco más. Fue faena larga, correcta, pero poco emotiva. De todas formas, los huelvanos le demostraron su cariño sacando los pañuelos. El presidente descartó acertadamente la concesión.

     Ponce quiso mostrar su perfil de consumado maestro con el manso y rajado cuarto, sin que su intención le valiera para un mínimo lucimiento. Pese a no estar bien con la espada le volvieron a ovacionar.


Cuarta corrida de Colombinas. Tres cuarto de plaza

Cuatro toros de Vegarhermosa y dos de Jandilla, lidiados en primer y tercer lugar, aceptables de presentación, mansos y parados. Destacó el noble y bravo tercero.

Enrique Ponce, de azul y oro. Saludos  y saludos tras aviso.
Sebastián Castella, de grana y oro. Saludos y palmas.
José María Manzanares, de nazareno y oro. Dos orejas y oreja.

Cuadrillas. Saludaron tras parear Curro Javier, Juan José Trujillo y Luis Blázquez en sus dos toros.  

 





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