CRÓNICAS

Antonio Nazaré. Foto lamaestranza.es     Antonio Nazaré ha cortado una oreja y ha realizado lo más destacado esta tarde en la Maestranza. Miguel Ángel Delgado ha mostrado en escasos momentos la naturalidad de sus formas. Agustín de Espartinas, con descastados y parados oponentes, ha escuchado los tres avisos en su primero.

Sevilla, 15 de agosto de 2011

     Pocas veces como esta  se produce  una confluencia tan clara de tres toreros sevillanos  de distinto calado y parecida concepción, pero con iguales intereses. Con juntar a  Agustín de Espartinas, Nazaré y Delgado, en los que los conceptos de expresión y sentimiento casaron a la perfección  con esos otros de clasicismo y valor, se ha conseguido hacer realidad, sin comparaciones, sus formas de entender y decir el toreo, aunque quizá lo más interesante  fue ver como detrás de las distintas maneras  de uno y otro estaban comprometidos fundamentalmente con la misma causa: salir del ostracismo.

     Aunque en el ruedo hubo de todo. Desde ver como le sonaban los tres avisos a Agustín de Espartinas en el toro de su debut en la Maestranza, hasta la seria y decisiva actuación de Antonio Nazaré con el complicado, serio y voluminoso segundo, pasando por la actitud y el valor de Miguel Ángel Delgado. Con todo, hubo momentos  en la tarde en los que cada uno de ellos  logró arrebatarle con su toreo el aplauso a los menos receptivos. Aunque otra gente se tomara a broma y ridiculizara al que salta precipitadamente las tablas o el que sufre un tremendo revolcón. Son los que se hacen oír en estas calurosas tardes de toros en Sevilla con exceso de guiris en los tendidos.

     Seguro de sus posibilidades, Antonio Nazaré, recuperó el pulso nada más iniciar la faena de muleta al segundo de Martín Lorca, un toro de embestida incierta y complicada con el que reflejó una gran firmeza  y una intensa expresividad  en el natural. Fue un trasteo de envergadura, mejor con la izquierda  que con la derecha, revelador de su categoría, de aguante, de valor, de poderle a las muchas dificultades de un toro que le miraba y se quedaba en los intentos de cite. Los adornos tuvieron encanto, y un par de descabellos tras la estocada tendida tuvieron la culpa de no pasear el ruedo con el despojo del triunfo.

     Sí lo hizo con la oreja del quinto, tras mostrar despaciosidad y cadencia en dos verónicas y una media de exquisito compás. Después se fue a los medios para allí establecer  las bases  de una faena, de poder y ganas, con la que redujo al mínimo el campo de acción del escaso y corto recorrido del toro, ajustándoselo a los muslos de manera inverosímil. Le robó pases a derecha e izquierda, y firmó con la espada una lidia  en la que mantuvo su poder de transmisión  hasta el último momento. Unas bernardinas ajustadísimas fueron el epílogo a su valiente decisión.

     Miguel Ángel Delgado deleitó al público con los instantes de mérito que ofreció con su templado capote. Tras la portagayola al tercero toreó despacio y con gusto a la verónica. Mejor aún  con el quinto, donde el sentimiento brotó en media verónica  de cartel. Delgado toreó al manso y  descastado tercero con su peculiar estilo y perfilado sentido estético hasta que el toro se echó. Después acortó los terrenos sin que los intentos por agradar dieran resultado positivo.

     También parado resultó el sexto, que quedó aún más mermado de sus escasas fuerzas tras una voltereta de órdago. Lo esperó en los medios, le cambió la embestida por la espalda en interesante inicio de faena que supo a poco, porque enseguida se paró el toro sin que el astigitano, pese a encontrarse a gusto entre los pitones, consiguiera otra cosa que mostrar su enorme valor. Mató con brevedad y en ambos fue aplaudido.

     Agustín de Espartinas anduvo decidido toda la tarde. Valga como ejemplo sus dos portagayolas magníficamente resueltas después con un toreo de capa despacioso y bien rematado. Sin meterse en terrenos de riesgo, el debutante, realizó después  su toreo sobre las raíces de unas formas basadas en la naturalidad, aunque en faenas discontinuas y sin contenido debido a la escasa calidad de su dos toros. El primero descastado  y parado no tuvo más de dos pases seguidos. Y con el cuarto, de iguales características, le fue imposible encontrar el triunfo buscado. Para colmo vio como le sonaban los tres avisos en su primer toro tras el excesivo fallo con el verduguillo.


Plaza de toros de la Maestranza. Corrida de la Virgen  de los Reyes. Un cuarto de plaza.

Toros de Martín Lorca, el cuarto y el quinto con el hierro de Escribano Martín, bien presentados, serios, descastados y complicados.

Agustín de Espartinas, de nazareno y oro. Palmas tras tres avisos y silencio.
Antonio Nazaré, de blanco y oro. Vuelta tras petición y aviso y oreja.
Miguel Ángel Delgado, de blanco  y plata. Palmas y palmas.

Saludaron tras banderillear  al quinto Joselito Ballestero y Tomás Loreto.

 


 





SEVILLA TAURINA









CUDERNOS DE TAUROMAQUIA





  (C) Manuel Viera.com / Reservados todos los derechos - Web personal de Manuel Viera, crítico taurino WEB DISEÑADA POR MERCURIO ESTUDIOS - UTRERA (SEVILLA)Diseño Web
Mercurio Estudios