|
Sevilla, 24 de septiembre de 2011 De frente y sin artificios banales Alejandro Talavante interpretó el toreo para dar a cambio veracidad y maestría. Y así fue como con una extraordinaria colección de pases zurdos evitó que el espectador, desbordado por la emoción, perdiera el hilo de la realidad. Excelente, aunque insuficiente, toreo de izquierda. Con tal forma de hacerlo representó todo un completo manual del natural. Trazo firme, lento, hondo, hacia dentro, ajustado y rematado. Apenas se recuerda otra cosa que el imponente natural. Resulta difícil imaginar versión más pura y profunda que la ejecutada por Talavante en la faena al sexto de Torrealta, un buen toro de embestida noble con mejor calidad, quizá, por el pitón derecho que por el izquierdo. Así, la incisividad rítmica del muletazo diestro, el empleo incesante del temple, la verticalidad, el gusto en el lento e interminable trazo, la ligazón y los improvisados adornos de trinchera cautivaron a una gente motivada y emocionada. Idéntica intensidad tuvieron los remates que completaron las diferentes tandas, a derecha e izquierda, en una faena donde mezcló con igual fortuna lo estético y lo auténtico. Si hay una situación difícil de entender es que como tan importante obra se puede malograr con un nefasto pinchazo. Pero los hechos son los hechos y una estocada al segundo intento posibilitó la concesión de una oreja que le supo a poco. En cierta forma lo intentó todo con el tercero, un toro flojo que aguantó muy poco terminando parado y a la defensiva. Suavidad y despaciosidad en los muletazos de inicio de faena hasta conseguir hilvanar exquisitos pases diestros. Muestra del excelente natural en un trasteo que careció de continuidad y que acabó con el arrimón que asusta. Con la espada mal. Sin llegar a la máxima altura la faena de Manuel Jesús El Cid al noble, aunque rajado al final, primer toro de la tarde reunió calidad y cantidad en los templados y ligados pases diestros. Tan variada y atractiva como infrecuente, en actuaciones pasadas en esta plaza, incluyó una serie al natural de fascinante trazo. Un regalo para los amantes de la pureza. Fue sólo una, debido a la nula embestida del toro de Torrealta, pero suficiente para degustarla y agradecerla. Interesante hacer del sevillano que asentado y seguro supo firmar lo hecho con la rotunda estocada que le posibilitó pasear una oreja. No se amilanó El Cid con las complicaciones del descastado cuarto. Un toro muy tardo, que embestía sin fijeza y a su aire y que acabó parándose. Pese a ello, le pudo en un trasteo donde destacaron algún que otro muletazo diestro y excelso natural, aunque a la faena le faltó continuidad. Con la estocada certificó lo hecho. En cierta forma, Sebastían Castella, lo intentó todo a su manera y quedó en nada. La faena al segundo, noble aunque soso en sus embestidas, tuvo un aire tribal. Uno se metió en ese barullo de pases anodinos, despegados, para afuera, sin recibir ni uno bueno a cambio. Por otra parte el toreo zurdo careció de intensidad, y si alguna virtud tuvo fue la brevedad. Con estocada casi entera lo mandó al desolladero. Con el descastado quinto se cansó pronto sin decir nada. Mal sin paliativos.
Toros de Torrealta, bien presentados, nobles y flojos. Destacaron primero y segundo por nobles y buen son, y el sexto por la calidad de sus embestidas. Manuel Jesús El Cid, de tabaco y oro. Oreja y silencio. Excelente par al primero de la tarde de José Manuel Fernández “Alcalareño”, que se desmonteró. Saludaron también en banderillas Javier Ambel y Vicente Herrera. Buena vara de Miguel Ángel Muñoz al sexto. El picador José Doblado fue derribado de la cabalgadura por el quinto, siendo asistido en la enfermería de la plaza de conmoción cerebral. Salió recuperado.
|
||
| (C) Manuel Viera.com / Reservados todos los derechos - Web personal de Manuel Viera, crítico taurino | Mercurio Estudios |
|