EDITORIALES RADIO

 22 de marzo de 2010
 
Plaza de toros de Utrera     Algunas administraciones locales, diputaciones o comunidades autónomas andan aún con los pliegos de condiciones para los nuevos arrendamientos de sus plazas de toros, puestas a subastas al mejor postor y no al que mejores y más serios espectáculos ofrezca. Los criterios, como casi siempre, estarán basados en altísimos cánones a los que muy pocos elegidos pueden llegar. Y no porque sean mejores o peores empresarios, sino porque  se necesita ser muy fuerte en lo económico para poder optar al mal llamado concurso.

     Se ha dicho, y bien alto, que las bases sólo promueven a los “grandes”, a los que superan con creces los máximos establecidos, a los que más paguen… Aunque después no todo salga como estaba previsto y la mala gestión se encargue de hundir la plaza y el negocio.

     Se vive una época en la que sólo interesa llenar cuanto antes las arcas de las diferentes propiedades con los seguros y suculentos desembolsos de los candidatos. Contados y elegidos candidatos. Porque siempre son los mismos, ya que la norma impulsa en exclusiva a los más poderosos. A los que han mandado, mandan y mandarán en el mundo empresarial taurino. Los otros, que son muchos, aquellos que rigen plazas de tercera y alguna que otra de segunda, nunca podrán competir con estos, entre otras cosas, porque le faltará la experiencia en la gerencia de cosos de primera. Algo tan absurdo como incoherente. Y es una pena porque, lo que parece un inadecuado proceder, difícilmente se podrá cambiar en el futuro. Las cosas están así y seguro que irán a peor al ser estos modestos empresarios los más perjudicados, por razones obvias, y porque la infinita crisis económica ha acabado con muchas corridas de pueblo.

     Todo tiene que ver con todo, y a la maldita crisis se le une la mala gestión de algún que otro desaprensivo que con su proceder ha provocado que los ayuntamientos machaquen al pequeño empresario que opte con seriedad y profesionalidad dar toros en la localidad. Las exigencias de las administraciones locales propietarias de las plazas pasan  por obligarle, además, a conformar carteles con los que comandan el primer tramo de los respectivos escalafones. Plazas de toros de la provincia de Sevilla, con tradición en la celebración de corridas de toros en los inicios de año y antes del comienzo de la Feria de Abril, permanecen cerradas a cal y canto sin que nadie de esos modestos le pueda meter el diente. Y así… imposible. Al final el otro perjudicado será, como siempre, el aficionado. Ésta sea quizá la conclusión.    





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