EDITORIALES RADIO

29 de marzo de 2010

Foto Matito     Han pasado los primeros ciclos taurinos del año. Con las  ferias de Fallas y de la Magdalena se ha puesto en marcha el circuito de las grandes eventos donde los mandones  de la Fiesta han empezado a competir para hacerse con el ansiado cetro del toreo. Los públicos han comenzado a acudir a las plazas aunque sin llenar por completo tendidos, gradas y andanadas. ¿Los efectos de la crisis?.

     Y… ahora Sevilla. Expectación para una Feria de Abril, esperada, deseada e ilusionante. Están todos, que no falte el toro.

      El toro. La  preocupante incógnita casi quedó desvelada en Valencia. Con verdadero optimismo se vivió el primer tramo de las corridas falleras. Los malos augurios motivados por las consecuencias que las abundantes lluvias hubiesen podido provocar en el campo ganadero, y por consiguiente en las reses bravas, se disiparon en cuanto el toro no se cayó. Sin embargo, otros males comenzaron a vislumbrarse durante la lidia de los “juanpedro” y la corrida de Núñez del Cuvillo: la falta de casta y la mala presentación. ¿Qué torero es capaz de dar muletazos a un toro parado? ¿Qué sensación de credibilidad y verdad muestra la figura que lidia en tan importante feria un animal chico y anovillado?.

     Este es el eterno problema de las corridas de toros, sin atisbo de solución, que sigue mermando una Fiesta que ahora, más que nunca,  deseamos en alza. Aún dicen  que la escasez de casta la siguen provocando algunos fallos en el proceso de selección  de los padres de los toros de lidia. Hablar por hablar. La mermada casta la siguen exigiendo quienes prefieren  ese tipo de toro que, por noble y desrazado, no se mueve, aunque después quede en entredicho la teoría de su criador con la que marca su crianza: la bravura, sinónimo de fijeza, movilidad, son, nobleza… y todos los adjetivos que el ganadero bien conoce y le quiera agregar. Sin embargo, cuando cualificadas  opiniones manifiestan  que también los toros preparados físicamente en muchas ganaderías se paran, o se rajan a mitad de faena, es que falta aún decisión en la selección del toro que hoy necesita la Fiesta.

     Mientras, la exenta bravura sigue provocando más aburrimiento y desesperación que emociones y triunfos. En Valencia salieron de chiqueros algún que otro sucedáneo del toro de lidia. En Sevilla, donde están todos los que tienen que estar -menos uno- que no falte el toro. Que salga integro y encastado. El único válido para que el que  está abajo, en el ruedo, consiga alzar la Fiesta con auténticos triunfos. Los otros, los parados y chicos, mejor para el matadero.

            





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