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 Sevilla, 6 de mayo de 2010

Morante de la Puebla. Foto Álvaro Pastor     Tras el paso de Sevilla aún queda Madrid. Y alguna que otra importante feria  que también marca el ser o no ser del año taurino. Las que también dan, o quitan, crédito a los que por ellas pasan y triunfan, o fracasan. Aquellas que a otros tanto les cuesta salir revalorizados, y que también sirven más para la polémica y el enfado que para el divertimento y la emoción de los que ocupan tendidos y andanadas.

     Cuando sólo Valencia y Sevilla quedaron atrás llega Madrid y… Jerez, mucho más torerista que torista, menos exigente con el toro, más populista, más de sentimientos y  “quejíos”. Feria de arraigada tradición  en su gente que acuden a la plaza con el único deseo de ver, sentir y divertirse con sus toreros, y se van  sólo con el recuerdo de los bellos momentos vividos tras el triunfo sonado.

     Sucederá, seguro, en esta semana de Feria del Caballo en el centenario coso andaluz y gaditano. Y a pesar del toro más chico que grande, a modo quizá para la ocasión y escogido con mimo para los más deseados. Si no se derrumba, claro, será el idóneo para hacer el toreo. El toro ideal para que un público, triunfalista a veces y sin demasiadas exigencias, goce con lo que pasa en el ruedo.

     Y es que el que va a ver toros a Jerez sabe el tipo de reses que van a salir al ruedo de la plaza. Sabe muy bien que es ese el toro que piden y desean las figuras para realizar su toreo. Aunque le tengan  que cuidar y dosificar su escasa fuerza para así no mermar su dulce nobleza. Un toro al que, por lo menos, deberían exigir en toda su integridad. Este es el toro no sólo válido en Jerez sino en otras muchas plazas de la geografía taurina. Y no precisamente de segunda. Este es el toro de hoy para el toreo de hoy. Querer lo contrario es, ni más ni menos, que estrellarse contra los propios deseos. Y el deseo de Jerez y su gente es ver torear. Si se puede.

     Así las cosas, Morante de la Puebla, el objeto del deseo tras la obligada ausencia de José Tomás y Manzanares, marcará diferencias, tan extremas en sus formas, que apasionará a los que acudan a presenciar la autenticidad de su arte. El Juli impartirá lecciones de maestro como ya lo hizo en Sevilla. El Cid volverá a reivindicarse sin la presión de la Maestranza. Y Finito, Cayetano, Padilla… y los “toreros mediáticos”, conocedores a la perfección  del toro de hoy, le harán la lidia de hoy, necesaria e imprescindible  para que aguanten la diversidad de sus tauromaquias. Sólo será cuestión de inteligencia.   

    





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