| Sevilla, 28 de diciembre de 2011
Las “creencias” del BNG instando a la Xunta a que impida el acceso de menores de doce años a espectáculos taurinos por ser “celebraciones perjudiciales para los niños”, no es más que el inicio de una nueva carrera de fondo que ha de culminar en la meta de la abolición. En este sentido, no hay duda de quienes ahora vuelven a fomentar tal “progresismo” no dejan de ser los herederos de aquellos falsos animalistas que han dejado a los catalanes sin corridas de toros. Además, creer en la garantía de un gobierno que se une compartiendo la finalidad de los que prescinden de la libertad para seguir reprimiendo, involucrándose en el punto de partida de una nueva eliminación, aunque digan que no comparten los argumentos nacionalistas, resulta tan falso como decir que “la mayoría de los chiquillos que contemplaron imágenes de corridas de toros son más agresivos que aquellos que no la presenciaron”. Manda huevos. Con la culminación catalana y el principio de la gallega acaba un año nefasto para una Fiesta que languidece también en la América latina. A veces, la grisura del ambiente es tan plomiza que acaba aplastando cualquier atisbo de esperanza. Así que defiendan ustedes, profesionales taurinos, de una vez por todas el valor de las corridas de toros con instrumentos capaces de garantizar la supervivencia de la libertad. Dejen de inclinar la cabeza ante las dentelladas y el continuo acoso de los que quieren a toda costa acabar con esto. Rechacen el pesimismo ante el futuro que con frecuencia embarga a aficionados y gente del toro. Pongan luz verde a los cambios transcendentales en la trastienda de la Fiesta y lleguen a feliz entendimiento entre los que organizan y los que protagonizan como horizonte de referencias comunes y problemas compartidos. Pónganle inteligencia al asalto brutal de los “en contra”. No queda otra.
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