ENTREVISTAS

Curro Durán. Foto Juan J. Caro     Este otro Curro Durán  quiere llegar a ser alguien en el toreo. En no más de tres festejos toreados ha dejado constancia de su valor y ambición. La calidad de sus formas y su manera de desenvolverse en el ruedo le hace ser serio candidato a ocupar muy pronto los primeros puestos del escalafón de novilleros. Con esfuerzo, dedicación y entrega quiere alcanzar su objetivo. Y en ello está. 

Utrera, 17 de noviembre de 2010

¿Qué balance haces de la temporada de tu presentación ante el público?

     Ha sido un año intenso en el campo aunque corto en festejos. Se ha basado en las tres becerradas que he podido torear. Empecé el 21 de mayo en Santisteban del Puerto compartiendo cartel con otro utrerano, Miguel Falcón, una tarde muy bonita porque tuve la suerte que me saliera un novillo muy bueno, y pude cortarle las dos orejas. Después toreé un festival  en El Coronil junto a Canales Rivera y Víctor Janeiro, y también le corté una oreja al becerro. Pero lo mejor fue mi debut de luces en Sanlúcar de Barrameda el 25 de septiembre, lo hice con el mismo color de traje que vistió mi padre el día de su presentación: tabaco y oro.  Allí me encontré muy a gusto toreando y le corté las dos orejas al novillo. Se me pusieron los bellos de punta al hacer el paseíllo. Cuando pisé la raya sólo pensaba  en salir a hombros por la puerta que tenía enfrente.  Ha sido un  año muy positivo para mí y he aprendido mucho.

Tanto en el campo como en la plaza ya has probado embestidas de diferentes encastes. ¿Con cuál  estuviste más a gusto?

     Con el de Santa Coloma. Porque es un toro que cuando sale bueno tiene muchísimo temple, y eso hace que lo pueda torear muy despacio.

Y es en el temple, claro, donde basas tu toreo. 

     Sí, porque saber templar los toros creo que es lo más importante para  llegar a ser torero. Después está el valor, la técnica, el empaque… pero lo fundamental para mi es el temple

¿Has pasado por algún momento amargo en este corto tiempo que llevas en esto?

     Sí, lo pasé muy mal unos días antes de torear mi primer festejo. Fui a un tentadero en El Toruño de Guardiola donde tentaba Luis Vilches junto a otro torero de Huelva, en la tapia estábamos  unos cinco chavales y todos fueron saliendo menos yo que me quedé sin poderle dar veinte pases a la becerra. Después me harté de llorar en la misma tapia.

Pero quizá aquello te hizo ser consciente de la cantidad de obstáculos que tienes  que salvar para llegar.

     Lo sé. Sobre todo el llevar el nombre de mi padre, o ser hijo de un matador de toros, es un arma de doble filo. Porque la gente me van a mirar de una manera diferente, y me van a exigir mucho más, e incluso irán a verme si es que soy mejor que mi padre. Si eso no lo consigo lo que ahora estoy haciendo es perder el tiempo.

¿Para cuando la presentación con picadores? 

     Pues lo que tenemos en mente es poderlo hacer al final de la  próxima temporada. Torear las becerradas necesarias y  debutar después en la plaza de toros de Utrera. Si no puede ser habría que buscarse otra plaza  de la misma importancia.

 ¿El no torear en la pasada feria de Utrera a qué fue debido?

     Queríamos  guardarnos el factor sorpresa y esperar el debut con caballos. Además era un eral para cada uno y mi padre no lo vio oportuno.

¿Por qué decides ser torero?

     Desde muy pequeñito me gustaba jugar al toro. Ramón de Julio, que fue novillero y amigo de mi padre, me regaló un capotito, muleta, montera e incluso un traje de luces, y así empecé. Lo que pasaba es que mi padre no quería para nada que me dedicara a esto, y me desvió a la práctica del fútbol. Pero yo no pensaba nada más que en el toro, hasta que un día le dije: “papa hasta aquí he llegado, lo mío es otra cosa”. 

Y decides la que ha de ser tu profesión.

     Así es. Creo recordar que fue en el verano de 2008, cuando mi padre viajó con Luis Vilches  a torear dos corridas en México, me encontraba en  el campo y le dije a Ramón de Julio que quería ser torero, y aquella misma tarde con una antena de radio  a modo de estaquillador, una toalla y unas pinzas  de ropa  para completar la muleta  empecé a torear en serio.

¿El día que coges el capote y la muleta de verdad  y te pones delante de una becerra lo recuerdas? 

     Sí que lo recuerdo. Fue en un tentadero en casa de Sebastián Santiago que toreó mi padre a modo de preparación para los festejos que se celebraron  en la plaza central de mi pueblo con motivo del V Centenario de la Virgen de Consolación. Era una vaca  de color cárdeno claro extraordinaria  que ni siquiera me miró. Disfruté mucho con ella.

¿Como vences el miedo, Curro?

     Lo supero y ya está.

¿Pero como lo sientes, en las pulsaciones aceleradas, en el sudor excesivo…? 

     Lo noto porque me entra un cosquilleo en la barriga  muy molesto, pero cuando estoy delante de la cara  del toro cojo confianza, me relajo, me siento a gusto y se me pasa.

¿Y qué piensas cuando estás allí, solo, delante del toro?

     Pues lo único que pienso es en disfrutar yo y hacer disfrutar a la gente con mi toreo, meter la espada, cortar las orejas y salir con ellas en la mano por la puerta grande.

Fotos Juan J. Caro

¿Has sufrido ya algún tipo de percance?

     Sí, aunque sin demasiado importancia. Tentando unas vacas en lo de Javier Guardiola la becerra intentó escaparse y al primer capotazo se me vino al pecho, caí mal  y me lesioné la espalda.  Estuve unos días bien fastidiado.

¿Qué toreros, de antes y de ahora, te llegan más?  

     De la época antes que la de mi padre Antonio Ordóñez. Después Espartaco por su poder y personalidad. También Jesulín, uno de los toreros  más técnicos que he conocido. Y actuales Manzanares, Perera, Morante y El Juli.

¿Te acuerdas de la primera vez que viste torear a tu padre?

     Era muy pequeño y no tengo un recuerdo claro. Fue en un festival en Utrera, después en el campo sí lo he visto bastante y he disfrutado mucho y aprendido con su toreo.

¿Y tu toreo como es, cómo lo defines?

     Mi toreo es muy clásico y muy sencillo, y consiste  en enganchar a los toros  adelante  y llevarlo muy atrás, quedarse quieto,  volver a dejar la muleta en la cara y así  darle seis o siete muletazos muy largos, muy templados, para luego rematar con el de pecho. Incluso cuando estoy toreando de salón, o el campo, me riñe mi padre porque dice que  bajo mucho la mano y me llevo la embestida demasiado atrás, y que eso tampoco  es el toreo. Hay toros  que hay que llevarlo más en línea y otros que te permiten  llevarlo atrás. Pero es así como tengo metido el toreo en la cabeza. Y no hay forma de cambiarlo.

¿El capote o la muleta?

     La muleta. Prefiero la  muleta porque me siento más. Aunque también me gusta  mucho torear de capote.

Tu padre torea muy bien con el capote.

     Sí, lo he visto en video y me lo han dicho siempre. Y además he tenido la suerte de verlo en festivales y es verdad  que lo hace muy bien. Recuerdo ahora una fotografía que tenemos en casa con una media verónica en Las Ventas de Madrid y es perfecta.

¿Supersticioso?

     No, no suelo serlo.

Para terminar. ¿Si no te hubieras decidido por esto, que te hubiese gustado ser?

     Sin lugar a duda futbolista, pero me tira mucho más el toro.


    
 

 
 

  

 





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