ENTREVISTAS

Vilches. Foto Álvaro Pastor     El torero de Utrera vuelve a resurgir y encara la decisiva temporada de 2011 con renovadas ilusiones. Sus últimos triunfos en el inicio del año y el ánimo que le ha inculcado su apoderado le ha devuelto la esperanza.

Utrera, 21 de abril de 2011

     En la calle “Curro Guillén” de Utrera frente al viejo coso del Arrecife donde vivió de niño, se embelesaba con el colorido de los trajes de torear cuando las cuadrillas entraban en la plaza. Y allí, en aquel  ruedo, jugó a ser torero con sus coleguillas del barrio. Más tarde serían su gente de “Coca de la Piñera” quienes le siguieron y apoyaron durante el difícil caminar por el complicado mundo del toro.

     “Empezar en esto fue como un juego. Tanto es así que cuando se inició la Escuela Taurina nos apuntamos todos los chiquillos del barrio, poco tiempo después sólo quedamos los que tuvimos intención de ser alguien en esto”. Vilches se puso por primera vez delante de una becerra en la desaparecida Venta del Águila donde su propietario, Antonio Marín, organizaba capeas para los aficionados. “Recuerdo con cariño aquellos inicios, la gran afición de ese hombre y la ayuda que nos prestaba. A partir de aquellos primeros muletazos empecé a ir al campo”.

     Desde su debut en Utrera en la parte seria  del espectáculo “Los enanitos de El Toronto” han sido muchos los obstáculos que Luis ha tenido que salvar. “Caminar sólo con la ayuda de los amigos se hizo muy difícil, las novilladas son espectáculos deficitarios y es complicado estar anunciado en ellas. Sin embargo, a partir del año 92, en el que gané el ciclo de promoción de julio en la Maestranza tras cortarle las dos orejas a un novillo del Conde de la Maza, las cosas empezaron a ir mejor. Después vino mi debut  con caballos en Utrera en una novillada de promoción televisada por Telecinco, la salida por la puerta grande de Las Ventas en Madrid, el “Zapato de oro” de Arnedo… llegué a torear 30 novilladas de la mano de Rodríguez Vélez. Fue mi mejor año de novillero”.

Vilches. Foto Matito

      Luis se forjó como torero en la casa Buendía entre otras ganaderías del encaste Santa Coloma. “Las características de estos toros me obligaron a fraguar mi toreo. A estos animales hay que bajarle mucho la mano, llevarlos muy largo, poderles… Haciéndolo así pulí mis formas y mi manera de concebir el toreo que quiero hacer y con el que siempre sueño, un toreo profundo, puro y clásico”. Ya de matador de toros, una tarde de agosto en Sevilla un toro del Conde de la Maza, al que le cortó la oreja,  le marcó su futuro. “Fue el principio de mi encasillamiento en las corridas duras, pues este triunfo me supuso torear la siguiente temporada la corrida de Victorino Martín en la Maestranza, a la que pude cortar las orejas si no pincho mis dos toros. De todas formas, sigo pensando que esa espada que me ha quitado triunfos importantes sólo es una cuestión de confianza”.

     Los toros no le han castigado demasiado pero cuando lo hicieron le pegaron fuerte. “La cornada de Cenicientos fue muy dura, tanto es así que los médicos me dijeron que la pierna podía quedar bien para hacer una vida normal, pero no para torear. Lo pasé muy mal. Volver a aquella plaza fue demostrarme a mí mismo que quería seguir siendo torero”. Aunque la fecha clave para seguir o no en esto la tuvo el 15 de agosto del pasado año en la corrida de Peñajara en Sevilla. “Si esa tarde el triunfo no hubiese llegado me hubiese ido para casa”. Ahora se ha vuelto a encontrar con Juan Manuel Rodríguez Vélez, su antiguo apoderado. “Ambos volvemos a estar muy ilusionados, y aunque soy consciente que la temporada es decisiva para mí, tenemos confianza en que este será mi año”.

 Vilches. Foto Matito





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