OPINION

Foto Álvaro Pastor“…Ahí siguen los políticos en su absurdo concepto de unidad de partido. Mientras que algún que otro gobernante se declara a favor de los toros, otros callan y lo hacen callar, hasta en la que es pública televisión española, con banales argumentos que sólo sirven para entrar en un juego de ida y vuelta de consecuencias nada deseables…”

18 de enero de 2010

    Acabo de releer uno de los muchos textos que en estos días de inicio del año aún  siguen escribiendo quienes pueden, y quieren, dar algo de luz al problemático asunto de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Polémico tema que ha tocado de muy mala manera los costados de la Fiesta pese al optimismo desmesurado de algunos.

    Sin embargo, siguen sobrando lamentos y faltando decisiones que permitan posibles soluciones que contrarresten la frenética carrera de los “encontra” por erradicar, de una vez por todas, los toros aprovechándose de las debilidades de los grupos nacionalistas. Y no sólo catalanes, sino de otras comunidades autónomas.

    Pero parece que, hoy por hoy, es inviable llevar a cabo propuestas de consenso que demuestren la coherencia entre el partido que nos gobierna y representantes del mundo del toro con el objetivo de hacer frente a la nefasta ley abolicionista. Y a lo que ha de llegar si ésta prospera. Ahí siguen los políticos en su absurdo concepto de unidad de partido. Mientras que algún que otro gobernante se declara a favor de los toros, otros callan y lo hacen callar, hasta en la que es pública televisión española, con banales argumentos que sólo sirven para entrar en un juego de ida y vuelta de consecuencias nada deseables.

    Y después, ¿qué?. Porque lo más notable por hacer les corresponde a ellos, a los que gobiernan, los que deben velar  por la libertad de todos y cada uno de los ciudadanos. Y por los intereses  de los sectores más perjudicados. Que serán muchos si al fin consiguen el objetivo abolicionista.

    De todas formas, nada va a ser como antes. Y los muchos problemas derivados de este escabroso suceso se acumularán y multiplicaran a lo largo del curso taurino si los propios taurinos siguen también jugando a verlas venir. A llevárselo sin más mientras puedan. A dejar  pasar el tiempo mientras el más auténtico de los espectáculos se degenera  en simulacros de corridas de toros sin toro. Con animales a los que les ha anulado la casta, manipulados y hechos a modo según mandan los cánones de un falso toreo actual.

    El año comienza con un mal aviso para  la supervivencia de la Fiesta. Los que la atacan con demagógicos y huecos argumentos estarán al acecho para que al mínimo desliz darle un nuevo zarpazo. Aunque siempre ocurre que llegado el momento todo oportunismo falla y la tranquilidad vuelve a imperar. Pero… ¿hasta cuándo?      





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