OPINION

Foto Álvaro Pastor“…De todas formas, la obra del pintor sevillano nada tiene que ver con el simbolismo del toro “mártir” de Barceló con el que se anunció la temporada de 2008. Ni con el “borrón” sin forma de Salinas con el que ilustró la del pasado año. La obra de Gordillo tiene color, es más llamativa, más estética, está mejor hecha, y sí tiene ese otro simbolismo de la Fiesta en el esplendor de un tarde de toros..."

21 de enero de 2010 

     Cuando alguien repite con desprecio aquello de “no me gusta, es una mierda”, no resulta difícil comprender que todo lo que corresponda, de una u otra manera,  a las corridas de toros está anclado en el tradicionalismo más cutre que imaginar se pueda. Y aunque todo parezca válido en la actuación plástica-creativa del artista al plasmar su idea en el lienzo, cualquiera de sus recursos  para definir su obra dará pie a que lo pongan en la picota.

     El collage de Luis Gordillo con el que se anunciará la temporada de toros de 2010 en la Maestranza de Sevilla no es una mierda. El pintor sevillano, que descartó lo difícil y, debido a su estilo, lo socialmente fácil con lo que posiblemente se hubiese ganado a la masa tradicional con el sempiterno detalle de la lidia, decidió concretar su capacidad artística en el juego de collage y crear la trama que lo unificara todo durante el espectáculo de la corrida.

     Gordillo, como otros en anteriores ocasiones, se sublevó contra el mandamiento tradicional del cartel taurino: mostrar el momento más glorioso de la lidia en todo su realismo. Sin embargo, el artista, sin ningún complejo, muestra su rebelión al espectador a través de lo deshilvanado del espectáculo para plasmar el acontecimiento de la corrida con originales espacios fragmentados en un falso puzzle, que además de original resulta atractivo.

     De todas formas, la obra del pintor sevillano nada tiene que ver con el simbolismo del toro “mártir” de Barceló con el que se anunció la temporada de 2008. Ni con el “borrón” sin forma de Salinas con el que ilustró la del pasado año. La obra de Gordillo tiene color, es más llamativa, más estética, está mejor hecha, y sí tiene ese otro simbolismo de la Fiesta en el esplendor de una tarde de toros. En su forma está lo que quiere expresar el artista, aunque para algún que otro observador no contenga lo que él quiere percibir. Y es que el arte parece estar siempre a contracorriente. Pero no por llevar sólo la contraria, sino por haber y haberse convencido el que lo crea que lo que muestra es la mejor manifestación de su virtud.





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