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11 de marzo de 2010 La presencia, cada año, de relevantes figuras del toreo en el salón de carteles de la Maestranza, motivada por la entrega de la escultura que premia “La mejor lección torera” de la Feria de Abril en los días previo al comienzo de la Semana Santa, congrega a una masiva juventud ansiosa de ver, aplaudir, tocar, besar y fotografiarse junto al torero. Y es que está de moda desde hace algunos años la proliferación de jóvenes adictos a las corridas de toros. Adolescentes de ambos sexos que sienten una atracción especial por el traje de luces. Fenómeno que, visto desde la perspectiva de nuevos aficionados, es para estar contento por lo que puede significar para un espectáculo taurino mantenido en pie por envejecidas estructuras y que necesita, más que nunca, de gente preparada, entendida y capacitada que apuntalen para siempre el gran entramado de la Fiesta. No obstante, existe la duda si de esta juventud, que ahora acude a las gradas de la Maestranza para gozar con el toreo del ídolo de turno, quedarán algunos para el futuro de las corridas de toros. O si acaso, quedarán los que hoy se proclaman aficionados tras descubrir, porque está de moda, el arte de un sevillano en la cúspide. O de aquellos otros, quizá en mayoría, que buscan y quieren encontrar festejo tras festejo los secretos de la tauromaquia. Aliviada su entrada al coso por la promoción de la Fiesta para los más jóvenes, que cada temporada lleva a cabo la Real Maestranza de Caballería y la empresa Pagés, unos y otros se dejan ver cada Feria de Abril por las gradas de sol de la plaza de toros mostrando, eso sí, diferentes actitudes en el transcurso del espectáculo. Mientras unos provocan el enfado del aficionado más purista con sus palmas a destiempo y gritos de ánimo dedicados a su torero, otros sentencian con rebuscado tecnicismo lo realizado por el diestro de turno. Los más, viven las distintas sensaciones de la tarde de toros con la emotividad que le produce el que hace brotar el toreo abajo en el ruedo. Es esta la juventud que ocupa asientos de espectadores en la plaza de toros de la Maestranza. Quizá, algún que otro se difumine cuando difuminado esté para ellos el torero de moda. Se irán también los que dejen de interesarle, porque ya no se estile, el arte del que fue su ídolo. Y sólo quedarán los que sientan el toreo en el pequeño detalle de la lidia. Se quedarán los que quieran saber algo más que una verónica o una chicuelina. Los que se emocionen con la pureza desesperante e inacabable lentitud de un natural. Los que vibren con la aparente naturalidad del valor que aflora con toda su esencia cada tarde de corrida. Los que se conmuevan con la magia de este juego entre la vida y la muerte. Se quedarán los que apuesten por algo tan nuestro como las corridas de toros basándose en el legítimo ejercicio de su libertad. La libertad que nos quieren quitar los que se metamorfosean vistiendo el disfraz de defensores de la crueldad. No serán muchos, pero sí los suficientes para darle al espectáculo taurino la bocanada de aire fresco que necesita en este tiempo de falso progresismo y objetivos abolicionistas. Se quedarán los necesarios, no más, para asegurar el futuro de la Fiesta. Publicado en Programa Oficial Abono 2010 de la plaza de toros de Sevilla.
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