OPINION

Las Ventas     “…Salvada la comparecencia de José Tomás, lo demás se acompaña con el insistente desorden de toreros y toros sin que con tales combinaciones se llegue a atisbar la competencia entre los que están. La excepcional calidad de muy pocos carteles choca con la excesiva vulgaridad de muchos otros…”

25 de marzo de 2010  

     El horno no está para pollos –al curry- y la inclusión  del “número 1” dos tardes en el largo ciclo venteño  -que se convierte en goce cuasi único que no lo mejora ni la mismísima Kim Basinger en “Nunca digas nunca jamás”- trae consigo una ristra de veintiocho corridas de toros con no más de cinco carteles redondos. O rematados, como gusta llamarlo el aficionado. Demasiado poco para un maratón de festejos con ventana abierta a una extensa nómina de matadores de toros acogidos al fiel criterio del abaratamiento de una Feria de San Isidro que se avecina, como todas, con llenos en cada una de las tardes y económicamente triunfal.

     Y es que la empresa  cumple cada año con todos los requisitos exigidos: están todos los que tienen que estar, pese a la ausencia de Ponce y… Frascuelo, pero combinados con poca imaginación y sin excesivo interés -para el aficionado- con tal de rebajar lo que antes hizo oneroso.

     Taurodelta ha hecho una feria con esta convicción, sin nuevos experimentos y descreyendo de la originalidad de unas combinaciones que no tienen más sentido que completar treinta tardes de corridas de toros. Ni tan siquiera en el núcleo central del ciclo logra espantar esa impresión desalentadora de feria “barata”. Milagrosamente salvada la comparecencia de José Tomás, lo demás se acompaña con el insistente desorden de toreros y toros sin que con tales combinaciones se llegue a atisbar la competencia entre los que están. La excepcional calidad de muy pocos carteles choca con la excesiva vulgaridad de muchos otros.

     Después los triunfos llegarán. O no llegarán. Todo depende del toro… que pondrá limitaciones. Así que estaremos precarios y abiertos a la espera de esas tardes de triunfos que,  sin por qué, pueden caer del cielo. Ojalá sea así y que todos los que están  pisen sobre seguro. Y que además de estar tengan algo que contar, porque algún que otro lujo en sus carteles lleva la programación de toros más importante del mundo. Qué lujo, entonces, poder presenciarlo y sentir con ellos la emoción del toreo.    

            





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