| Sevilla, 2 de noviembre de 2011
La antología de Manzanares al toro indultado, junto al perfil de consumado maestro que mostró El Juli en cada una de sus actuaciones con un toreo poderoso, técnicamente perfecto, ligado, refinado, auténtico y de contagiosa emoción que le supuso salir una vez más por la Puerta del Príncipe la tarde del 29 de abril, marcaron la feria y un año taurino que merece ser recordado. El diestro de Madrid, con mando en plaza, comenzó puntuando en el prólogo de Resurrección creciéndose con un complicado toro de Daniel Ruiz y embarcándose en una faena de mano extremadamente baja en la que la técnica y el valor encontraron su máxima manifestación en el natural. El Juli y Manzanares, que tras el indulto volvió a emocionar el 6 de mayo con los “jandillas” al dibujar enormes derechazos y soberbios naturales en los que se pudo apreciar el pincel de quien aquella tarde dio unas cuantas vueltas por los caminos del arte, fueron los dueños absolutos del ciclo de abril colmándose ambos de gloria al salir en volandas por la mítica puerta maestrante. También un sevillano supo decir el toreo la tarde de su doctorado. Esaú Fernández agarró con fuerza la oreja del buen toro de la alternativa y sumó una segunda del noble sexto de El Pilar tras ejecutar un trasteo con rigor y sin alivios. El Cid le cortó la oreja a un buen toro de Torreherberos tras una faena a derecha que no terminó de coger altura, mientras que Daniel Luque se la “arrancó” a un manso aquerenciado en tablas tras una labor de mucho poder con la que bullían los tendidos de sol y aceptaban los de sombra. Con dos soberbias verónicas la tarde del indulto, más un par de quites a los toros de El Pilar y algún que otro trazo con el carisma de un genio, saldó Morante una feria en la que la suerte en los sorteos le dio la espalda. Puntuales fogonazos y chispazos de sentimiento de Oliva Soto con los flojos toros del Conde de la Maza. Con ellos Vilches dio la cara sin recibir nada a cambio, e Iván Fandiño expuso su enorme valor con los peores condesos. Antonio Barrera realizó una épica lidia a un complicado toro de Dolores Aguirre, con los que Alberto Aguilar se mostró firme y Salvador Cortés inédito. Sin embargo, el sevillano de Mairena del Aljarafe ejecutó una faena de altura a un toro de Victorino Martín en la corrida en la que Padilla brilló a la verónica y dio toda una lección de cómo se mata. La perfecta y contundente estocada tumbó al “victorino” sin puntilla. Pinar y Tendero se estrellaron con la mansada de Alcurrucén. Ponce no pasó de técnico en su única comparecencia y Aparicio anduvo opaco y desconfiado. Cayetano, sin demasiadas estridencias, exhibió su empaque y buen gusto en contadas ocasiones durante sus dos actuaciones. Perera abrevió con los mansos de El Ventorrillo y se pegó un arrimón de órdago con los descastados toros de Fuente Ymbro, corrida en la que Talavante dio una pequeña muestra de temple y ligazón con un manso de libro y Tejela sólo dejó pequeños apuntes al natural. La inspiración de Curro Díaz no encontró acomodo en la tarde en la que un pésimo toro de Manolo González le hirió de gravedad fracturándole el peroné tras atravesarle el gemelo. Juan Mora sólo pudo dejar toreros detalles, y El Fandi lo hizo como nadie con las banderillas. Rafaelillo se entregó sin cuento con los miuras en épicas faenas. Corrida esta que le vino grande al mexicano Israel Téllez, que vio como le echaban un toro al corral, y en la que se mostró desconfiado el cordobés José Luis Moreno. La única corrida suspendida por causa de la lluvia fue la del 1 de mayo, en la que Hermoso, Ventura y Leonardo Hernández daban lustre al cartel estrella de toreo a caballo. En la tradicional matinal del domingo de feria un Antonio Domecq emocionado se despidió del toreo, y Rui Fernándes, Cartagena, Hernández y Palha cortaron oreja.
Escasez de casta y fuerza Dos hierros ganaderos brillaron por encima de los demás: Núñez del Cuvillo y El Pilar. El primero quedó definido por “Arrojado”, un toro muy bravo en las telas aunque con algún “matiz de mansedumbre” durante la lidia, que dirían los puristas, que fue indultado por su nobleza extrema, bravura y calidad de sus embestidas. Corrida de correcta de presentación, noble y encastada con dos toros de altísima nota. Los de Moisés Fraile también puntuaron, sobre todo primero, quinto y sexto, por nobleza, por raza y por calidad de sus embestidas respectivamente. El resto de ganaderías mostraron el mismo problema, la escasez de casta y fuerza. Así se comportaron los toros de Daniel Ruiz. En la corrida del Conde de la Maza, de iguales características, destacaron tercero y sexto por calidad de embestida. Fracaso sin paliativos de Dolores Aguirre con unas reses de astifinos pitones descastadas y paradas. Cita para el matadero exhibieron nada más salir de chiqueros los de Alcurrucén. Flojos y sin raza los toros de Victorino Martín. Al conjunto de Garcigrande les faltó casta, aunque segundo y tercero fueron dos buenos toros. Toda una mansada fue el encierro de El Ventorrillo, y decepción absoluta causó la floja y desrazada corrida de Fuente Ymbro. Los de Torrehandilla y Torreherberos fueron toros chicos, mansos y flojos, destacando la calidad del primero. De igual forma se comportaron los de Jandilla, aunque segundo y quinto mostraron nobleza y casta respectivamente. Mal presentados, mansos y parados el encierro de Manolo González. De aceptable juego los de Fermín Bohórquez en la única corrida lidiada para rejones. Y mansos, complicados y peligrosos los de Miura.
Novilleros a buen nivel Interesantes resultados se obtuvieron en el apartado de novilladas. Buena presentación del ganado que adoleció también de fuerza y casta. Rafael Cerro en la tarde de su debú encontró su máxima manifestación con la izquierda, con la que confirmó unas formas que se distinguieron de las demás. Juan del Álamo y López Simón se toparon con las escasas fuerzas de los novillos de Espartaco. David Galván hizo lo más destacado con los utreros de Montecillo. Víctor Barrio reveló diversidad con el capote y firmeza con la muleta, y a Vanesa Montoya le pesó la responsabilidad. Sergio Flores dejó dicho con los “guardiolas” que quiere ser torero. Martín Núñez atisbó su buen estilo y poco más. Miguel Giménez, con el peor lote, le faltó actitud. Ni Duffau, ni Silveti, ni Jiménez ofrecieron sólidos argumentos para la credibilidad de sus formas con el interesante juego de los utreros de Javier Molina. Sin embargo, Jiménez Fortes expuso su solvencia, oficio y buen gusto con los de El Serrano. Se descubrió un perfecto estoqueador en Manuel Fernández, e Ignacio González agotó su tiempo en probaturas de escaso contenido. Fernando Adrián debutó y mostró su buen toreo con el mejor utrero de la notable novillada de Montealto la tarde en la que Espaliú fue herido de gravedad y Mario Alcalde dejó demasiadas muestras de sus carencias. Emilio Huertas toreó despacio y mató de forma excepcional un bien presentado “villamarta”. También muy despacio y con mano baja lo hizo Damián Castaño, estando con enorme firmeza, ante el peor lote, Gómez del Pilar. En la denominada novillada de triunfadores, con complicadas reses de Los Azores, Adrián malogró con la espada una interesante faena, Flores anduvo frío y pulcro y Cerro no tuvo opciones para ratificar lo hecho en anterior actuación.
También en el ciclo de promoción atisbaron cualidades y calidades algunos de los jóvenes aspirantes. Tomás Angulo, a la postre ganador del certamen, reveló conocimiento, buen gusto y expresividad con buenos novillos de El Serrano. Tomás Campos demostró que saber torear con el capote, Brandon Campos goza de un extraordinario valor y buen gusto, José Ángel Fuentes posee una exquisita calidad en sus formas, y Álvaro Sanlúcar, que basó su toreo en lo fundamental y el fascinante detalle, se hizo merecedor de estar en la final. En la tradicional corrida del Corpus, César Jiménez tiró de oficio y mostró buen gusto con los nobles, descastados y mansos toros de Carmen Segovia. Miguel Abellán toreó con pulcritud pero sin sentimiento y Juan Bautista hizo lo mejor con el capote. El 15 de agosto, día de la Virgen de los Reyes, a tres sevillanos le dieron la oportunidad de reivindicarse con una respetable, aunque descastada y complicada, corrida de Martín Lorca. Con una actuación seria y decisiva Antonio Nazaré recuperó el pulso y cortó la única oreja en la tarde. Miguel Ángel Delgado tuvo momentos en los que expresó la naturalidad de su toreo. Agustín de Espartinas vio como el día de su debú y tras enorme esfuerzo le sonaban los tres avisos. Interesante San Miguel Curro Díaz en esencia. Así se mostró el jienense en la última corrida de San Miguel. La naturalidad y la emotividad de un toreo de pasmosa lentitud se hizo sentir en una faena en la que la solvencia de cada pase y la constante inspiración contribuyeron a un triunfo de peso. El Juli volvió a ser auténtico y emotivo. Manzanares no tuvo opción con deslucidos toros de Moisés Fraile. El Cid, asentado y seguro y con una serie al natural como las de antes, paseó un apéndice de un buen toro de Torrealta. Una oreja cortó Talavante que con su versión más pura y profunda del natural malogró con la espada un triunfo de dos. Castella lo intentó todo y quedó en nada. Los que fueron revelación de la temporada lo juntaron con un sevillano, triunfador el día de su doctorado, formando un atrayente cartel para la apertura del ciclo, sin embargo, la mansa corrida de José Luis Pereda sólo sirvió para que Iván Fandiño demostrara verdad y mando con su muleta arrastra, David Mora ratificara unas formas elegantes y despaciosas, y Esaú Fernández le echara ganas y ambición. El final de esta histórica temporada en la Maestranza tuvo en Nazaré su máximo exponente. El sevillano, sobre todo al natural, realizó una faena de oreja a un noble toro del Marqués de Domecq de perfilado sentido estético, con el encanto de la ligazón y el remate del fenomenal pase de pecho. Cortés firmó con decisiva estocada para obtener el apéndice una intermitente faena. David Mora volvió a ofrecer un toreo con gusto sin que lo hecho alcanzara cota para el triunfo. Para terminar, sólo incidir en la necesidad de velar por la integridad del toro. Así lo debe hacer una presidencia que ha debido cumplir su obligación de mandar a analizar astas de toros astillados y desmochados de forma excesiva, y que han sido lidiados en tan importante plaza. La exagerada mutilación del toro del triunfo de Curro Díaz en San Miguel es un ejemplo que no hace más que acrecentar la duda de la manipulación si un análisis post mortem no demuestra lo contrario.
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